El  martes  6 de noviembre, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo sentenció que Otegui fue condenado por terrorismo en un juicio que no fue justo y que no cumplió con todas las garantías, porque la magistrada Ángela Murillo no era imparcial.

En un anterior juicio le preguntó a Otegui si condenaba a ETA, y ante la negativa de este a responder en uso de su derecho, la magistrada comentó: “Ya sabía yo que no me iba a contestar a esa pregunta”. Ante la metedura de pata de la magistrada y el recurso de la defensa de Otegui, el Tribunal Supremo obligó a repetir el juicio en el que finalmente Otegui resultó absuelto.

Pues bien, esta semana el Tribunal de Estrasburgo ha resuelto que el juicio de Bateragune no fue justo, porque la sala estaba presidida por la misma magistrada Ángela Murillo, y aunque la defensa de Otegui la recusó, su solicitud fue denegada y  el juicio se celebró en un entorno del que el Tribunal Europeo ha dicho que, “el prejuicio previo [de Murillo] sobre la posible afinidad [de Otegi] a la organización terrorista, inevitablemente arroja dudas  sobre la imparcialidad”.

Y no podemos por menos que darle la razón al Tribunal, porque nada hubiera costado cambiar a la magistrada. Es evidente que un juez debe tener la mente “virgen” cuando se trata de juzgar, porque los prejuicios y conjeturas predictivas no son buenos consejeros de quien debe de juzgar con imparcialidad.

Seguramente la Audiencia Nacional también tenía razón cuando en 2005 decidió absolver a Otegui de un delito de enaltecimiento del terrorismo, del que se le acusaba por su intervención en un acto en homenaje a un etarra que llevaba 25 años en prisión por asesinato frustrado y atentado a agente de la autoridad.

Respeto de todos los derechos humanos y celestiales del Sr. Otegui mientras me pregunto, ¿es que acaso alguien tiene dudas acerca de sus afinidades?

6 AÑOS EN PRISIÓN POR PERTENECER A ETA

Otegui estuvo entre 1987 y 1993 en prisión, condenado a seis años por formar parte del comando de ETA que participó en el secuestro del director de la fábrica de Michelin en Vitoria, Luis Abaitua, que permaneció durante 10 días en un zulo cerca de  Elgoibar. También estuvo ‘salpicado’ en la causa de las herriko tabernas, de la que se libró porque ya había sido juzgado por pertenecer a ETA.

Otegui era el portavoz de Euskal Herritarrok en el Parlamento Vasco en el año  2000, cuando ETA asesinó a su compañero de cámara, y primo hermano mío, Fernando Buesa Blanco, con una furgoneta cargada de explosivos.

Fue un crimen sin sentido, un asesinar por asesinar,  porque Fernando era lo que se dice un hombre pacífico y bueno, que murió por una reclamación de independentismo que no iba con él, murió porque era más fácil matarle a él que a otros, murió para que ETA pudiera tener un titular reivindicativo en los periódicos, murió no sabemos por qué ni para qué, pero la realidad es que  ni la banda terrorista ni Otegui condenaron ese crimen jamás.

A Fernando ningún Tribunal de Derechos Humanos le ha reconocido que no tuvo un juicio justo, porque ni siquiera tuvo juicio ni hubo delito; lo asesinaron por sorpresa y por la espalda, como siempre hacen los cobardes.

En el año 2014 Otegui  fue entrevistado por Jordi  Ébole a quien confesó que le “conmovió” y “abrumó” la muerte de Fernando Buesa, pero nunca ha sido capaz de condenar ese asesinato terrorista, dijo  que sentía “parte de responsabilidad” en cada muerte pero que no pedía perdón porque es “absurdo» ya que “en nada contribuye” a avanzar hacia la paz.

Pues bien, desde aquí quiero alzar la voz para que me escuche el señor Otegui, porque a esas víctimas silenciosas del terrorismo que somos las familias, los parientes de aquellos que fueron asesinados por alguien que pensaba que sus ideas eran más importantes que la vida de sus semejantes, nos gustaría escuchar la palabra PERDÓN de boca de quienes apoyaron tamaña barbarie, de la misma forma que el TEDH ha reconocido cualquier error que se haya podido cometer con Otegui.

Porque cuando te piden perdón tu alma se reconforta con la esperanza de que el autor reconoce sus errores y se arrepiente, y tan importante es esa solicitud de perdón que el Código Penal la reconoce como reparación del daño y atenuante del artículo 21.5 en lo que se viene a llamar justicia restaurativa.

Señor Otegui, me alegra que le reconozcan sus derechos pero le animo a que pida perdón usted también, porque no es “absurdo” y  “sí contribuye” a avanzar hacia la paz y a calmar el dolor del ofendido por el delito.